La Habituación es una propiedad fundamental de los circuitos neuronales: la exposición sostenida a un estímulo constante produce una atenuación progresiva de la respuesta neuronal, reduciendo la relevancia de la señal hacia la línea de base. En el dominio afectivo, los estados de ánimo negativos crónicos de baja intensidad — caracterizados clínicamente como Distimia — representan un resultado patológico de habituación en el que el sistema nervioso ha adaptado su punto de ajuste a la baja, haciendo que el estado gris y de baja energía resulte prácticamente invisible como desviación de la norma. El resultado es un sistema que ya no detecta su propia condición de funcionamiento subóptima.
El protocolo del Efecto de Contraste aplicado en el Paso 6 aprovecha la arquitectura de proceso oponente del sistema afectivo: introducir deliberadamente un estímulo significativamente diferente — un entorno nuevo, un cambio sensorial, una pausa estructurada — funciona como un disparador de deshabituación, restableciendo los niveles de adaptación y restaurando la sensibilidad del sistema hacia su propia línea de base. Neurológicamente, esto corresponde a la reactivación de la red de saliencia (ínsula anterior y corteza cingulada anterior dorsal), que había estado operando por debajo del umbral de detección, restableciendo así el gradiente de contraste necesario para que los estados positivos se registren como señales perceptualmente distintas y motivacionalmente relevantes.